Ellie intentaba seguir su vida con normalidad, pero la calma era solo una apariencia. El corazón le latía rápido cada vez que pensaba en Sandro, en ese silencio brutal con el que él había respondido a su sinceridad.
Nada… ni una llamada. Ni un “ok”. Ni un emoji. Nada.
Había regresado a casa después de dos días, aunque Sandro siquiera había notado su ausencia.
—¿Quiere comer algo? Ellie
Ella miró a Nita y negó con su cabeza, prosiguió su camino hacia su habitación y allí se encerró.