Eva miraba al hombre que estaba frente a la estufa cocinando y no podía creer lo que sus ojos veían.
¿Dónde se ocultaba, en este momento, aquel imponente hombre de negocios?
Ahora lo único que podía ver era a un hombre normal, un hombre que la llenaba de atenciones y mimos, además de otras cosas. Claro estaba, lo que hacía que ella solita se sonrojara.
- ¿Vas a ir a ver a Sara hoy? -preguntó Alejandro para ajustar su itinerario.
- Sí, ayer no pude, pero debo ir a verla… -dijo Eva, mirando cómo