- ¿Estás bien? -dijo Alejandro acercándose a Eva con precaución.
Eva permanecía sentada en una de las bancas que estaban en aquella mansión que había sido su hogar temporal en Nueva York.
- No… No estoy bien, acabo de perderlo… -dijo Eva entre lágrimas.
- ¿Puedo sentarme? -preguntó el hombre al ver a su exmujer deshecha.
Eva no respondió, estaba agotada, no quería pelear, no quería rechazar, no tenía ánimos para nada. Solo quería llorar en silencio, nuevamente esa terrible sensación de soledad l