Eva y Alejandro tomaron todas las pruebas de embarazo, comprobaron el resultado, inequívocamente, estaban embarazados. Esto era algo que definitivamente no tenían planeado, pero cómo podrían no estarlo, si habían llevado su vida sexual, como si no fuese a suceder nada.
Eva no era experta en la parte sexual y, al conocerla, no midió consecuencias. Era una mujer, sí, pero no había tomado sus precauciones, aunque lo primero que pasó por su mente, fueron las palabras de Maximiliano Mendoza.
“No, que