77. Bruno
Marisol López
No había salido de mi habitación en toda la mañana. Me dolía el pecho, no sabía si por lo que escuché anoche. No quise ni oler el desayuno. Me escondí bajo la sábana como si eso pudiera cubrir también la vergüenza y la tristeza que llevaba por dentro.
Escuché los suaves golpes en la puerta.
—¿Puedo pasar? —era mi mamá.
Me destapé lentamente el rostro.
—Sí, pasa.
Entró con una bandeja. Traía un vaso con jugo de naranja recién exprimido y un plato con pan tostado y frutas.
—Hija,