86. Regresaría a Montenegro
Ernesto Duarte
Lo miré con detenimiento, evaluando cada arruga en su rostro curtido por el tiempo.
—¿Tú eres el padre de Erik… mi hermano? —pregunté al fin.
—Sí —respondió él sin titubear.
—¿Cuánto tiempo estarás aquí? —me devolvió la pregunta.
—Ocho meses.
Asintió lentamente, como midiendo las palabras.
—Si quieres sobrevivir, no te apartes mucho de mí. Todos aquí me conocen… soy de los más antiguos en este infierno, y nadie me busca pleito.
Alcé una ceja.
—¿Por qué debería confiar en ti si