85. Solo quedaban las promesas
Sara Sandoval
La jornada había terminado, pero mi cabeza no podía descansar. Sentía que algo me jalaba desde dentro, como si hubiera un nudo que solo se desharía con una respuesta.
—Espérame un momento antes de irnos, ¿sí? —le pedí a Ciro, que ya tenía las llaves del auto en la mano.
—¿A dónde vas?
—Quiero preguntarle a Erik cómo le fue a Ernesto en la audiencia de hoy.
No me dijo nada más, solo asintió. Crucé el pasillo casi corriendo, con esa ansiedad que no deja pensar con claridad. La pue