41. Despedida
Sara Sandoval
—Buenos días… —susurré apenas, con la voz más suave de la que me hubiera gustado.
Ernesto dio un par de pasos y se posicionó frente a su escritorio, con los brazos cruzados y esa mirada suya que siempre parece ver más de lo que uno quiere mostrar. Esperaba que dijera algo más. Lo sabía por cómo me miraba. Por cómo sus labios permanecían apretados, impacientes, mientras sus ojos escaneaban cada gesto mío con una mezcla de anhelo y reserva.
Mordí mi labio inferior sin pensarlo.
¿Por