102. Un final para recordar
Karla Duarte
Salimos de la iglesia rodeados de aplausos y felicitaciones, pero mi atención estaba solo en él, en el hombre que ahora era oficialmente mi esposo. Ciro mantenía su mano firme en mi cintura, guiándome con esa seguridad que siempre me transmitía. Podía sentir cómo me protegía de cada empujón, de cada paso en falso entre la multitud. No dejaba que nada ni nadie me tocara, como si supiera que todavía debía cuidarme más que nunca. Su calidez a mi lado era mi refugio.
Sonreí al verlo ta