22. Estrategias
Ernesto Duarte
La vi tomar su bolso en silencio. Sus dedos temblaban un poco, como si aún no creyera lo que había pasado entre nosotros. Caminó hasta la puerta sin mirarme. Sin decir nada. Ni una palabra más.
Podría haber ido tras ella.
Podría haber tomado su brazo, susurrarle que no tenía que irse… que me quedaría con ella hasta que entendiera lo que estaba pasando.
Pero no lo hice.
Sara no era como las demás. Ella merecía su espacio. Merecía pensar, procesar. Yo no era cualquier jefe enamorad