43. Amame como soy
Sara Sandoval
Su aliento y el mío se mezclan en ese diminuto espacio entre nuestros labios. El calor que emana de su cuerpo me envuelve por completo. Ernesto me sostiene como si ya supiera que, de dejarme ir ahora, no habría una segunda vez.
—Solo tienes que amarme como soy —dice con voz ronca, como si estuviera al borde del abismo—, y te prometo darte el mundo entero.
Mis labios se curvan suavemente. Lo creo. Dios, lo creo. No por sus palabras, sino por cómo me mira, como si de verdad yo fuera