35. Una relación imposible
Catalina Ramos
El portazo de Esteban aún resonaba en los muros de la mansión como un eco amargo que se negaba a morir. Mis manos temblaban levemente, no de miedo… sino de tristeza. Esa clase de tristeza que no se grita ni se llora, pero se queda en el pecho, como una presión constante. Así era yo, siempre queriendo aparentar ser fuerte.
Ernesto no dijo nada al principio. Permaneció de pie, mirando la puerta por la que su hijo acababa de desaparecer, con la expresión vacía, apagada… como si en u