33. Futuro incierto
Emilia Díaz
El silencio que siguió a mis palabras fue tan denso que me costaba respirar.
Pude ver cómo Álvaro bajaba la mirada, cómo sus labios se apretaban hasta volverse una delgada línea temblorosa. Su pecho subía y bajaba con fuerza, como si cada respiración le costara un pedazo del alma.
Dio un paso hacia atrás y luego se llevó las manos al rostro, cubriéndose los ojos. Sabía que estaba luchando contra sus propios demonios. Quise acercarme, pero no me atreví. Tenía miedo de romperlo más.
C