28. No tenía otra opción
Christa Bauer
Venir a la mansión de los Sandoval, me causaba escalofríos, se veía tan sola, tan silenciosa, rodeada de sabinos y nogales. Miré a uno de los hombres, apenas bajé de la camioneta y me dijo —el señor la espera…
Asentí sin decir nada. Camine despacio los cinco escalones hasta la puerta principal donde ni siquiera tuve que abrir, pues me recibió el ama de llaves.
—El señor la espera en el despacho, por aquí por favor.
Agradecí el no haberme puesto ese vestido que me envió, mis zapato