27. En las garras del enemigo
—¡Christa… Christa…! —los gritos de Maggie que escuchaba a lo lejos, el sonido de la puerta retumbar contra la pared y el zarandeo que sentí después en mi cuerpo hicieron que abriera los ojos de golpe.
—¿Qué pasa Maggie? —pregunté soñolienta temiendo que su bebé estuviera enfermo.
—Es tu mamá… —dijo y toda mi espalda se tensó, en sus ojos vi terror, estaba llorando. Bajé de la cama de un salto y corrí hacia la habitación de mi madre, cuando entré miré lo que nunca podré olvidar en mi vida.
Mi m