Las alarmas comenzaron a sonar en todo el complejo subterráneo.
Luces rojas.
Pasos apresurados.
Voces por radios.
Pero Emilia apenas podía apartar la mirada de Eva.
Porque era como verse a sí misma dentro de una pesadilla.
Mismos ojos.
Mismo rostro.
Y aun así…
Vacía.
Completamente vacía.
—Eva…
La voz salió rota.
La mujer inclinó apenas la cabeza.
Como si el nombre le resultara distante.
Extraño.
Entonces Isabella sonrió lentamente desde su asiento.
—Todavía reacciona a ciertos estímulos emocion