El tiempo pareció detenerse.
Victoria lloraba temblando entre los brazos de la mujer rubia mientras la hoja plateada descansaba peligrosamente cerca de su cuello.
Emilia apenas podía respirar.
Todo dentro de ella gritaba.
Miedo.
Rabia.
Desesperación.
—Suéltala…
La voz salió rota.
La mujer rubia sonrió apenas.
Serena.
Como si aquello fuera simplemente parte de un procedimiento rutinario.
—Tú sabes cómo funciona esto, Emilia Valençay.
El corazón comenzó a golpearle violentamente el pecho.
Porque