La lluvia golpeaba violentamente el lago cuando Emilia salió de la casa junto a la mujer rubia.
Dos hombres armados esperaban cerca de los árboles.
Silenciosos.
Inmóviles.
Como sombras.
Pero Emilia apenas los veía.
Porque podía sentir la mirada de Adrián detrás de ella incluso sin girarse.
Y eso era lo único que todavía la mantenía firme.
La mujer rubia caminó tranquilamente hacia el bosque.
—No intentes escapar.
Emilia no respondió.
Seguía pensando en Victoria llorando.
En Adrián.
En la promes