—¡El cuerpo se movió!
El grito del escolta hizo que todos reaccionaran inmediatamente.
Los paramédicos apuntaron luces hacia el hombre entre los escombros.
Quemaduras.
Sangre.
Humo cubriéndolo todo.
Pero sí.
El cuerpo acababa de abrir los ojos.
Samuel seguía vivo.
Y lo peor…
Sonreía.
Una sonrisa rota.
Apenas visible entre la sangre.
—Él… nunca… podrá escapar de mí…
La voz salió ahogada antes de que volviera a perder el conocimiento.
Los guardias reaccionaron inmediatamente asegurándolo.
Pero Em