Adrián no volvió a dormir esa noche.
Y Emilia tampoco.
Después de verlo derrumbarse en sus brazos, algo cambió entre ellos.
Ya no eran solo dos personas atrapadas en un contrato absurdo.
Ahora compartían heridas.
Miedo.
Dolor.
Y eso era muchísimo más peligroso.
La madrugada pasó entre llamadas, guardias recorriendo la propiedad y un silencio pesado que parecía aplastar toda la mansión.
Emilia apenas logró descansar una hora antes de escuchar voces alteradas en el pasillo.
Abrió los ojos inmedia