Escuchar la confesión de su amiga la llenó de aún más desprecio por Daniel.
—Si él hace eso, las consecuencias serán mucho peores para él —dijo Rafa.
—Lo sé, pero si alguna de esas fotos les llega a mis padres, no te imaginas la vergüenza que sentiría. Ellos confían en que me está yendo tan bien viviendo sola. No importa si Daniel responderá penalmente después; el daño que esas fotos pueden causarme en la vida será irreversible —explicó Kate.
—Ahora entiendo lo que sientes.
El silencio volvió a reinar en el cuarto.
—Si fueras tú, ¿qué harías? —preguntó Kate.
—Yo también tendría miedo de la repercusión de las fotos porque, quiera o no, eso perjudicaría mi vida personal y profesional —explicó.
—Cómo me siento una idiota por haber creído en un ser humano como él —confesó triste. —Todo lo que quiero ahora es no haber conocido nunca a Daniel.
—Después de que llegaste a casa, ¿te dijo algo más?
—Me envió muchos mensajes pidiéndome perdón por lo que dijo e hizo, diciendo que quiere hablar co