Al llegar para buscar a Eva, la encontró con cara de pocos amigos.
¿Sería otro día difícil? Rogaba para que no fuera así.
—Buenos días, Eva —la saludó.
—Buenos días.
—¿Adónde iremos hoy? —preguntó, poniendo el coche en marcha.
—Iremos a visitar al decorador y a elegir las flores.
—Está bien.
Mientras conducía, no podía dejar de notar que Eva la observaba en silencio, como si estuviera analizando su expresión.
Rafaela había decidido una vez más que no diría nada, a menos que le preguntaran algo.