Aquello solo podía ser una broma muy poco graciosa de su parte.
¿Cómo que estaba en el puente de Brooklyn? ¿Qué hacía allí parado, solo y, para colmo, borracho?
—Ethan, ¿qué estás haciendo ahí? —preguntó preocupada, con el corazón en la mano.
—Si de verdad quieres saberlo, ven hasta aquí, antes de que sea demasiado tarde.
Diciendo esas palabras, colgó el teléfono.
Sin pensarlo dos veces sobre lo que acababa de escuchar, salió de su apartamento desesperada, con el corazón angustiado. Se acordó d