Ya estaba cerca de las diez de la noche cuando Tácio tocó a la puerta del apartamento de Rafaela.
—Fuiste rápido —dijo al abrir la puerta.
—Me emocioné tanto con tu invitación que me puse la primera ropa que encontré a mano. Solo en el camino me di cuenta de que no debía vestirme de cualquier manera —explicó.
Tácio llevaba ropa en tonos oscuros y, encima, un abrigo negro.
—No necesitas mucho, cualquier cosa te queda bien. Estás guapo.
Los ojos de él brillaron al recibir el elogio, lo que la dej