Había pasado una semana desde que Rafaela tuvo a su bebé.
Había recibido el alta del hospital, pero su hija seguía en la UCI neonatal.
Salir del hospital sin su hija en brazos fue una pesadilla indescriptible, como si una parte de su cuerpo estuviera faltando.
Gracias a Dios, estaba con su madre a su lado, quien la consolaba, diciéndole que todo estaría muy bien.
Kate fue a buscarlas al hospital, conduciendo su coche nuevo. Un Toyota Corolla, blanco perlado, que había comprado el día anterior c