Cuando Ethan salió de la habitación, Sueli miró a Rafaela de manera reprobatoria, como si condenara a la hija por algo que ni ella misma sabía.
—Madre, ¿está todo bien? —preguntó Rafaela, preocupada.
—¿Por qué vino él a visitarte?
—No lo sé, creo que debió sentirse culpable por lo que pasó.
—¿Cómo pudo aparecer aquí de esa manera, con esa carita tan tranquila, haciéndose pasar por un buen muchacho?
—Madre, la culpa no fue solo de él. Ya me habían advertido que no debía entrar a su oficina sin t