Mundo ficciónIniciar sesión—¿Estás lista?
—Sí. —Que descanses. —¿Y papá? No me dio las buenas noches. —Llegará mañana para llevarte a clases —aclaró Silvia— —Maya puede dormir conmigo. —Debes preguntarle a ella —le respondí con una sonrisa. ⸻ Al día siguiente —¿Nathan llegó? —Sí, lo oí, pero era muy tarde. Silvia y yo nos miramos. —Creo que sería mejor dejarlo descansar y llevarnos nosotras a Noah. —La verdad… nunca he hecho nada sin consultarle al señor Larson. Silvia salió de la cocina y subió las escaleras. Volvió a los minutos. —¿Y qué dijo? —Nada. No está en condiciones. —¿Enfermo? —No… borracho, bastante. —Entonces no se molestará si nosotras llevamos a Noah. —Está bien, pero debo dejar todo listo: hoy tengo la tarde libre. —No te preocupes por la comida. —Le dejaré una nota en la nevera. Mañana tengo que estar temprano en el hospital, no podré prepararle el desayuno. —¿No vendrás en su cumpleaños? —preguntó Noah, asomando la cabeza por la puerta. Silvia garabateó algo en un papel y lo pegó en la nevera. —¿Cumpleaños? —pregunté, confundida. —El viernes es el cumpleaños del señor Larson. ¿No lo recuerdas? —¿Él? —negó con la cabeza—. Nunca ha hablado de su cumpleaños. —Perdón, me equivoqué —Silvia sonrió incómoda—. Ya nos vamos, cariño. Recogimos las cosas de Noah y salimos. ⸻ Al volver de dejar a Noah en la escuela, prepare un tazón con avena y lo deje sobre la mesa. Nathan seguía en la cama. —¿Dónde están Noah y Silvia? —preguntó, asustado. —Perdón… Silvia tenía la tarde libre y la llevamos nosotras. Creí que estarías cansado — Se notaba exhausto. —¿Estás bien? —Sí… solo estoy agotado por el viaje. Lo tomé de la mano y lo guíe de nuevo a su habitación. —Tal vez deberías darte un baño, comer algo y descansar un poco. ¿No te parece? —No, no… ¿cómo voy a secarme el cabello?—protestó. —Debes hacerlo, ¿quieres enfermarte? Ven, te ayudo. Se sentó en el borde de la cama, medio divertido, medio molesto. Le pasé el secador y mientras lo usaba, recogí las toallas y las guardé. —¿Te quedarás? —¿Qué? No… ya debería irme a casa. —Vamos, solo un ratito más. POV Nathan, Manchester Habíamos asistido a dos reuniones con Fred y ahora estábamos en el hotel. Me ofreció una copa. —¿Vienes a beber algo, muchacho? —Ve tú primero; te alcanzo al rato. En el avión, abrí el diario que había traído de los archivos. Mi corazón latió con fuerza: [Diario Los encontré al fin, tras meses de ardua búsqueda. Son unas personas maravillosas; compartimos varios días juntos. Me hablaron de ella y de la otra niña. Yo les hablé de Maya y de Noah. Son idénticas: no hay duda de que son hijas de ella. Si aún estuviera aquí, sería la más feliz. También les conté de ti. Sabía que serías el único en encontrar esto y leerlo. Espero que la ayudes.] Al aterrizar y llegar a la primera reunión, intenté contactar a los médicos de los archivos, pero no obtuve respuesta. Mandé los datos a mi persona de confianza para averiguar quién era la otra niña y qué sabían los doctores. De regreso en casa Me levanté y la casa estaba en silencio. Solo vi la puerta de la habitación de Noah entreabierta. Allí estaba Maya, esperándome. —¿Podemos quedarnos así todo el día? —me besó de nuevo. —Estás loco… tienes que trabajar. —El jefe hace lo que se le da la gana. —Y tú solo quieres dormir… así. —Sí, así que guarda silencio. La abracé y jugué con su mano hasta quedarnos dormidos. ⸻ Horas después, Mara me sorprendió en la cafetería: —Maya, tienes un chupetón. —¡¿Qué?! —corrí al espejo y, efectivamente, un beso marcado en mi cuello. —¿Dónde estuviste? —bromeó. —No daré explicaciones. —Vamos, ¿por qué dejarme con la duda? —No es nada, Mara. No somos nada. —Ajá… llámalo “nada”, claro. Silencio. Mara me miró de reojo. —Mi turno termina a las seis. Cenamos juntas o irás a casa de Leonora. —Iré a mi casa… estaré bien.






