Un mes había pasado desde aquella conversación con Mara.
Un mes en el que, poco a poco, las piezas comenzaron a encajar.
No fue de la noche a la mañana.
Nada lo fue.
Hubo días en los que todavía despertaba desorientada, con esa sensación incómoda de no reconocer del todo su propia vida. Hubo momentos en los que el miedo volvía, silencioso, instalándose en su pecho sin previo aviso.
Pero también hubo otros.
Días más ligeros.
Más amables.
Días en los que, sin darse cuenta, dejó de pensar