Esa tarde, Noah se quedó en mi departamento más tiempo de lo habitual.
No me molestó.
Al contrario.
Había algo en su presencia que lograba calmar el ruido constante en mi cabeza. Como si, por unas horas, todo pudiera ser sencillo.
Pedimos pizza. Elegimos una película que ella insistió en ver aunque ya la había visto mil veces. Se acomodó a mi lado en el sofá, apoyando la cabeza en mi brazo como si fuera lo más natural del mundo.
Y quizá lo era.
Quizá siempre lo había sido.
Reímos.
Comen