Pasaron los días y, poco a poco, todo pareció volver a la calma.
Maya se recuperaba.
Noah volvía a llenar la casa con su risa contagiosa, como si nada hubiera pasado, como si el mundo no se hubiera detenido por un instante.
En la casa grande, los silencios pesados habían sido reemplazados por conversaciones más ligeras. Había risas en la cocina, pasos constantes en los pasillos, vida.
Pero en el corazón de Nathan…
algo no encajaba.
No podía dejar de pensar en el accidente.
En cómo ocurri