Al día siguiente, Nathan decidió que necesitaban un respiro. Un momento solo para ellos, sin amenazas ni investigaciones, aunque fuera temporal.
—Maya —dijo mientras la miraba fijamente durante el desayuno—. Esta noche… ¿quieres salir a cenar? Solo tú y yo.
Ella levantó una ceja, sorprendida, pero con una sonrisa tímida:
—¿Solo nosotros? —preguntó, como si necesitara confirmarlo.
—Sí —contestó Nathan—. Necesitamos… un momento para respirar. Para estar juntos sin pensar en nada más.