El aroma a pan recién horneado llenaba la cocina cuando bajé las escaleras. Silvia terminaba de poner la mesa, mientras Noah, con sus coletas mal hechas, canturreaba feliz en su silla.
—¡Feliz cumpleaños, mi princesa! —dije, inclinándome para besarle la frente.
—¡Hoy cumplo cinco! —gritó con orgullo, alzando las manos como si el mundo entero debiera celebrarlo.
Sonreí. Maya llegó poco después, sosteniendo una caja entre las manos. Tenía ojeras ligeras, pero en sus ojos brillaba algo dis