Aisha le limpió la frente a Katherine con una tela humedecida mientras la miraba como si intentara memorizar cada línea de su rostro.
—No puedo creer que mi cachorrita esté al fin de vuelta —murmuró la hembra—. Pero ya no es la misma loba que se fue.
—Ella siempre fue distinta —dijo Kieran cruzado de brazos, apoyado en la pared, sus musculoso estaban tensos y no podía quitar la mirada de su hembra y su cachorra—. Y ahora... con la profecía...
—Tres cachorros, Kieran. Tres —susurró Aisha—. Pase