Katherine sentía que su corazón retumbaba fuertemente con más que ese terror que solo siente una madre cuando ha perdido el rastro de sus hijos.
—¡Christian! ¡Kash! ¡Klarissa!
Su voz se quebró entre los árboles hasta que los vio.
Los tres aparecieron junto a Kaeron.
Pálidos, temblorosos, con el pecho subiendo y bajando con respiraciones cortas y rápidas.
—¡Mamá! —gritó Klarissa antes de correr hacia ella.
Katherine cayó de rodillas, atrapando a su hija entre los brazos.
Luego a Kash la imitó y