El miedo los golpeó a los tres al mismo tiempo.
Pero no por Cassian, ni por su tamaño, voz o presencia.
Los tres vieron mejor su cara y un recuerdo de la cueva los azotó, aquel macho dormido de la daga.
Klarissa tragó saliva, con los ojos muy abiertos.
—Yo... yo te vi antes —murmuró ella con voz casi inaudible.
Cassian la miró, desconcertado por el tono que la pequeña usó.
Christian retrocedió medio paso, no por cobardía sino por precaución y finalmente Kash se puso delante de sus hermanos de