Todo ese tiempo había estado estudiando al Este desde la sombra, cada guardia, cada rutina, cada punto débil, cualquier macho que Alessandro había ascendido. Las grietas que la manada intentaba ocultar bajo disciplina. Toda la información llegaba a sus manos a través de sus lobos de confianza, silenciosos, invisibles para cualquiera que no conociera su existencia.
—Alessandro no quiere guerra —dijo Stephano—. Pero tampoco se rendirá sin defender lo que cree que está protegiendo.
Cassian por fin