Un mes había pasado desde aquel día y Adhara no había ido a la manada de Cassian otra vez, por primera vez en su vida se había centrado únicamente en sus entrenamientos pero aún así no había podido sacarse a Stephano de la cabeza.
Cada noche al cerrar los ojos, volvía el recuerdo de su calor, de su mano atrapada contra su mejilla, del beso suave en el dorso de sus dedos.
Y se preguntaba cómo un sueño pudo sentirse tan real.
Su loba no dejaba de empujarla, inquieta y ansiosa, susurrándole que lo