La arena de entrenamiento quedó en silencio cuando Stephano aceptó el desafío.
Adhara sintió un cosquilleo de nervios y excitación recorriendo su cuerpo.
Sabía que estaba jugando con fuego pero por primera vez no quería apagarlo, no solo por el constante susurro de su lobo que la instaba a acercarse a él sino también por necesidad propia.
Levantó la barbilla y caminó hacia el centro de la arena consciente de que todas las miradas de la manada estaban sobre ellos.
Stephano se posicionó frente a