—No te quedes quieto, Kash —susurró Katherine mientras le abrochaba la camisa—. Te mueves demasiado, bebé.
—Es que no me gusta esta tela —refunfuñó el niño—. Pica y no me digas bebé, mamá. Soy el más grande.
—No pica, exagerado —intervino Klarissa poniéndose un lazo rosa en el cabello—. Y si eres un bebé.
Ella le sacó la lengua y él ladeó la boca en una sonrisa.
El corazón de Katherine se apretó al verlo.
"Demasiado parecido a Cassian. Maldita sea, Katherine. Supéralo."
—Ya basta los tres son m