CINCO AÑOS DESPUÉS:
El bosque temblaba bajo los gritos agudos de entrenamiento, pero no eran los de adultos.
—¡La postura, Kash! ¿Es que tengo que repetírtelo mil veces? —tronó la voz de Asher con esa mezcla única de impaciencia fingida y una devoción que no sabía disimular.
El pequeño de cabello negro como la noche y ojos azul hielo frunció el ceño en una mueca meramente parecida a su padre. Tenía cuatro años, pero se movía con la determinación de un adolescente en formación.
—¡La tengo! Solo