El silencio que reinó tras su entrada no fue normal. Fue algo primitivo, casi ritual. Como si el aire mismo supiera que no debía moverse en presencia de un depredador como él.
Cassian avanzó con paso lento, cada uno de sus movimientos era tan preciso, tan calculado, que el sonido de sus botas sobre la piedra bastaba para hacer que los corazones aceleraran. Nadie se atrevía a respirar más de la cuenta. Nadie se movía. Nadie hablaba.
Katherine sintió que el calor se le iba del cuerpo.
No había vi