El silencio en la sala pesaba como plomo. El eco de las risas que habían destrozado a Katherine aún flotaba en el aire pero nadie se atrevía a pronunciar más palabra. La presencia del Alfa oscuro lo había quebrado todo.
Cassian se mantenía de pie, alto, letal, con esa calma depredadora que era peor que cualquier rugido.
Sus ojos de hielo no se apartaban de ella, de la loba rota en el suelo, con lágrimas manchando su rostro.
El fuego de la humillación ardía en su pecho, pero algo más ardía tamb