Alessandro dio un último vistazo a su territorio. No había cobardía en sus ojos, había dolor y promesa de retorno.
Alzó la barbilla, tragando orgullo y la furia.
—Retirada —ordenó finalmente.
Sus guerreros lo siguieron, no por miedo sino por lealtad, pero no todos. La sombra del Alfa del Este se perdió entre los árboles junto a los suyos. Y entonces, Cassian apareció.
Cada paso suyo cargaba un peso inquietante, un aura tan densa que los guerreros más experimentados contuvieron la respiración si