Katherine no podía dormir.
Había acostado a los tres cachorros, había esperado a que sus respiraciones se volvieran suaves, profundas, tranquilas... pero ella no sentía nada de eso.
Solo esa inquietud que subía por su pecho como si algo dentro de ella estuviera intentando despertar.
"¿Qué está pasando?" Preguntó a su loba.
"No lo sé..."
Tomó aire y no funcionó.
Nada aquietaba aquella ansiedad.
Cuando se aseguró de que los niños dormían salió de la habitación en silencio y enseguida se dirigió a