Katherine lo sintió desde que abrió los ojos, esa punzada leve en el estómago que no era miedo, ni ansiedad, era un aviso.
Algo que no podía explicar.
Alexandra llegó temprano, envuelta en un abrigo claro con el cabello cayendo sobre sus hombros tan hermoso y brillante como siempre. Su expresión dulce no era propia de la hija de un Alfa y mucho menos de la hija de Zakia.
Una de las hembras más poderosas en los tres reinos.
En el pasado, la madre de Alexandra había sido feroz, había vivido años e