Durante un segundo eterno, solo se escucharon sus respiraciones.
Después él volvió a besarla y ella le respondió sin poder evitarlo, sus manos se enredaron en su pelo, sus piernas aún seguían alrededor de su cintura.
—Mía —afirmó posesivamente.
No la soltó.
Siguió sosteniéndola contra la pared, respirando agitado contra su cuello, sus labios rozaron su piel con besos suaves ahora, delicados, como si quisiera calmar la tormenta que él mismo había desatado.
La llevó a la cama aún dentro, negándos