Volvió a besarla.
Más profundo, más crudo.
Esta vez con más urgencia.
Cassian la sostuvo aún más cerca, sus manos recorriendo la curva de su espalda, no había suavidad innecesaria, no había complacencia. Solo necesidad cruda, posesiva, pasión que no podía contener.
El beso volvió a intensificarse, con movimientos que eran posesión y entrega al mismo tiempo.
El mundo podía esperar.
La guerra podía esperar.
Sus cuerpos, sus pensamientos, sus emociones, su amor y deseo, todo se había fundido en es