El Núcleo Helix era un monumento al orden absoluto: paredes de grafito pulido, iluminación blanca que no dejaba espacio a las sombras y un silencio solo roto por el zumbido de los procesadores. Mientras Adrian caminaba hacia la oficina de Daniel, sentía que cada paso lo alejaba del mundo vibrante que ahora consideraba su hogar.
En su maletín no llevaba los mapas de calor del Velo, sino un manifiesto nacido de la observación y, aunque Daniel no lo supiera, de la empatía.
Daniel estaba de pie f