El contraste no podía ser más violento. Adrian dejó atrás el aire viciado de los laboratorios y se internó en el Velo, donde la atmósfera parecía vibrar con una nota musical constante que solo los sentidos despiertos podían percibir. A medida que los árboles centenarios cerraban sus copas sobre él, el frío metálico de Helix se disolvió, siendo reemplazado por la humedad dulce de la tierra viva.
Lo que Adrian ignoraba era que, en su nuca, el sensor Serie N-6 estaba enviando ráfagas de datos sil