El aire en las profundidades del Gran Árbol no se sentía como el oxígeno estéril de la superficie; era denso, cargado de esporas luminiscentes que flotaban como polvo de estrellas y un aroma que recordaba a la lluvia sobre tierra antigua y sándalo dulce. Adrian caminaba detrás de Aeryn, hundiéndose cada vez más en un laberinto de raíces que se entrelazaban formando pasillos de una arquitectura natural imposible. Aquí, la ciudad de acero no era ni siquiera un recuerdo; era una mentira que se des